PROLOGO DEL AUTOR 25/Enero/2010

Guillermo Gómez Rivera

Academia Filipina de la Lengua
Correspondiente de la R. A. E.

Manila

  La historia moderna, o contemporánea, de Filipinas, se puede entender mejor si se repasa la ejecutoria individual de cada Presidente Filipino desde 1896-98, cuando se fundó la República de Filipinas sobre la base del Estado Filipino que Miguel López de Legaspi estableció el 24 de junio de 1571, bajo la jurisdicción de la Corona de España, hasta el tiempo presente.
  La bíografía de los presidentes filipinos, particularmente los de la época de la supuesta independencia de Filipinas, dan una visión bien clara del carácter maquiavélico del explotador y cruel nuevo colonialismo WASP usense en este país. Bajo este nuevo colonialismo los incautos filipinos se encuentran en una situación más dificil en comparación con la situación de sus padres durante los casi cuatro siglos de tutela española.
  En estas biografias de Presidentes Filipinos, el estudioso lector podrá discernir, los pasos tomados por el neocolonialismo WASP usense en su afán de deshispanizarle al filipino para mejor sojuzgarlo a fin de apropiarse de sus recursos naturales, y hasta de su obra de mano, para efectuar una explotación de los mismos de forma exclusiva y absoluta. GGR


JOSÉ P. LAUREL y GARCÍA (1891-1959)
EL PRESIDENTE PRÁCTICO.

  Batangueño. Fue elegido Presidente de la República Filipina bajo la hegemonía japonesa entre 1942 y 1944. Trató de defender los derechos filipinos ante lo que pudieran haber sido los excesos de los militares nipones. Pero, cuando los japoneses se percataron que iban a perder la guerra, el Presidente Laurel nada pudo hacer para evitar las atrocidades cometidas en nombre del vigente conflicto bélico.
  Al volver los WASP usenses a la destruida Manila, éstos le acusaron a José P. Laurel, con Claro M. Recto. Benigno Aquno padre, y a tantos otros líderes filipinos, de 'colaborar' con los japoneses. No quisieron comprender que el papel desempeñado por Laurel y Recto no fue fácil ya que eran ellos mismos, los WASP usenses, los que se escaparon de Filipinas a la primera llegada de las tropas imperiales del Japón.
  Laurel y Recto tuvieron que enfrentarse con los japoneses y negociar con ellos a fin de asegurarse la supervivencia del Estado Filipino.
  No fueron pocos los filipinos que calificaron de cobardes a los WASP usenses puesto que, en comparación con los españoles, ejemplarizado por Simón de Anda, éstos nunca abandonaron a Filipinas cuando los ingleses la invadieron en 1762 ni cuando el corsario chino, Limahong, trató de tomarlas en 1574.
  Los españoles, por más reducidos que eran en número (su número total nunca rebasó los 13,000 durante los primeros 250 años de su dominio) jamás abandonaron a los filipinos a su suerte cuando otras naciones más fuertes, como Inglaterra y Holanda, invadieron a fuerza de armas a estas islas.
  Es de notar que los holandeses organizaron no menos de veintisiete (27) invasiones contra Filipinas y ninguna de éstas triunfaron porque los filipinos, entonces ciudadanos españoles, secundaban por propia voluntad todos los esfuerzos de defensa y resistencia organizados por los gobernantes españoles y mexicanos desde Manila.
  El Presidente Laurel, por haber estudiado en el Japón sabía el idioma japonés por el que los militares japoneses, le respetaban.
  Los japoneses que arribaron a Filipinas con el Gral. Artemio Mascardo, "El Víbora", del anterior ejército del Presidente Aguinaldo, dieron a entender que venían para liberar a los filipinos de la invasión WASP usense desde hace ocho lustros y reinstalar la originaria República de 1896-1898.
  El Gral. Artemio Mascardo se autoexilió al Japón, sobreviviendo como profesor de español por cuarenta años, porque jamás quiso aceptar la soberanía norteamericana sobre sus Islas Filipinas.
  Y de hecho el Japón inauguró una República Filipina independiente de Estados Unidos con José P. Laurel como su Presidente.
  Laurel y su cabinete lograron salvar la vida de muchos filipinos cuando los comandantes y soldados japoneses, amenazados por el arribo de las fuerzas norteamericanas, se entrgaron al suicidio y al ‘kamikasi’ (morir matando) al verse inminentemente vencidos.
  La población filipina, convencida por la propaganda norteamericana se equivocó al demostrar imprudentemente su alegría por la anunciada llegada de los "libertadores" usenses. Este partidismo por los WASP usenses provocó más aun la hostilidad y la violencia por parte de las fuerzas japonesas que se sentaba traicionada por una "raza hermana" como así consideraban a los filipinos.
  Si EE.UU. no hubiese anunciado que arribaría a Filipinas, ignorando el plan de uno de sus almirantes de arribar a Okinawa y Formosa, para alli hacerles la guerra a las fuerzas japonesas, Manila no se hubiese visto tan terriblemente devastada por el incendiarismo japones y el cañoneo y bombardeo WASP usense "al estilo de alfombra" (carpet shelling and bombing) para luego dar lo que quedaba en pie a la merced del terrible, por incomprensible, zarpazo de los buldozers y gruas usenses que destruyeron y borraron de la tierran en que estaban en pie, Intramuros y sus alrededores.
  En resumidas cuentas eran los usenses los que más mataron y más destruyeron en la Manila que supuestamente liberaban de los enloquecidos nipones. Y la agenda de destruir la herencia hispana en Filipinas se puede entrever de forma clara en esta terrible masacre y destrucción genocidas.
  En cuanto a la herencia hispana de Filipinas, la pertinencia en particular del idioma español, El Presidente Laurel, que lo tenía como su segunda lengua, no en balde hizo un comentario "independiente".
  "Por otro lado, y como casi por ironía, la verdadera liberación del individuo filipino igualmente depende de su aprendizaje y uso del mismo idioma español o castellano siendo este idioma el vehículo de su historia y de su identidad nacional. Triste será el día en que los españoles, y los hispanoamericanos pudientes, dejasen de secundarnos en nuestros esfuerzos por conservar este idioma común en nuestras islas frente al inglés.
  "Tanto españoles, como hispano-americanos, como filipinos, habremos perdido, en el momento en que desaparezca por completo el idioma español en estas Islas, el orgullo de ser lo que somos, la dignidad de personas, el amor propio, el autorrespeto, la decencia en todo, porque todos, juntos, habremos igualmente admitido que ya no somos lo que debieramos ser y que estamos sumidos en la mayor desgracia de todos los tiempos: la desunidad y la desorganización frente a un común enemigo."


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