Elecciones, la tercera alternativa

Junio de 2016 (actualizado 2019)

Ante el 10N (10 de noviembre de 2019)

Reagrupo aquí las diversas notas aparecidas en estas páginas tras los procesos electorales de los últimos años y la reflexión actual de cara al 10 de noviembre.

 

Decía entonces, respecto a la necesidad de una tercera alternativa al bipartidismo —es decir, dos partidos teóricamente antagónicos, pero que en la realidad han llevado a cabo las mismas políticas en los últimos 40 años (desmantelamiento industrial, defensa a ultranza de la gran banca, de las eléctricas y otros poderosos sectores, menores sueldos, retrasos en la edad de jubilación impidiendo así el acceso al trabajo de los más jóvenes, congelación de pensiones empeorando las condiciones de vida de más de ocho millones de españoles, privatización de la sanidad, disminuyendo la calidad de vida de la gran mayoría de la población, ... )— que :

 

Esa tercera alternativa son IU y Podemos, pues son las dos organizaciones que tienen más seguidores, más fuerza y que polarizan el interés de una buena parte de la población por cambiar las cosas, por sustituir este régimen del 78 por un sistema en que la clase obrera (los que vivimos de un sueldo, los que no tenemos poder de decisión frente a los bancos y grandes empresas, es decir la mayoría de la población) sea quien establezca las reglas del juego de forma que lo que importe sea el bienestar de todos y no la acumulación de riqueza por parte de unos pocos.

 

Unidas las dos organizadores bajo el nombre (U.P.; ahora Unidas Podemos) hemos visto desde entonces que las bases y votantes de una y otra organización actúan ante la otra con entusiasmo o con rechazo, con aceptación o con recelo, con colaboración o con zancadillas. Pero, quienes realmente quieran que algo cambie, han de superar esas actitudes. Ganar unas elecciones no garantiza nada (y menos en un Estado sin recursos, pues casi todo se ha privatizado ya). Hay que ganar poder, y eso sólo se logra con un pueblo unido por una idea común: otro sistema.

 

Hay que recordar que “los pueblos que olvidan su pasado están condenados a repetirlo"): Así, recordemos que, en los años 70, previendo ya la desaparición de Franco (que no del franquismo) y la necesaria creación de una democracia formal (o sea, aparente) un partido hasta entonces inexistente (creado en el s. XIX pero ausente tras la guerra civil) fue rápidamente puesto en escena. Los medios contribuyeron a crear la opinión de que eran la alternativa a lo que se había tenido en los 40 años anteriores (incluso los ataques furibundos que pudieron darse a esa nueva formación lo que pretendian, realmente, era que la gente no mirase a la izquierda —PC, MC,..., etc—, que creyese que era a ese nuevo partido, con siglas históricas, a quien deberían apoyar si querían salir de los negros años anteriores... Se han necesitado cuarenta años para que buena parte de la población se de cuenta del engaño...

 

Bien, pues poco después de la aparición de Podemos, y del entusiasmo que entonces generó, la derecha —ante el deterioro del PP— promocionó rápidamente a Ciudadanos (para promocionar algo, sólo es necesario hablar de ello día tras día en los medios de comunicación, especialmente en TV. Para una gran parte de la población, lo que no aparece en este medio no existe y, si aparece, es bueno o malo según la TV machaconamente diga), con intención de sustituir a aquel partido. Pero, Ciudadanos — por su política veleta— defraudó enseguida a buena parte de sus votantes (y de sus propios militantes), que han vuelto al lugar de origen, el PP, como partido continuador del franquismo. A su vez, el sector más derechista de ese partido se ha desgajado, para poder promover con más libertad la vuelta a la España represora de la Guerra Civil y postguerra.

 

Pensad siempre: si estas grandes fortunas del país o esos presentadores de TV y periodistas tan bien pagados, promocionan a partidos de la derecha ¿podemos confiar en ellos? ¿Acaso nosotros gozamos de sus privilegios? ¿Acaso ellos quieren compartir su nivel de vida con nosotros? ¿Cómo la gente con menos recursos podemos apoyarles si cada día muestran que no les importamos nada?

 

Tengámoslo claro y votemos el día 10, pero votemos con conciencia. Recordemos quienes son los que nos han privatizado la educación o la salud y los quienes nos niegan las pensiones y quienes, para que no protestemos, nos amenazan con la ley mordaza. Ni un voto para ellos.

 

Y no creamos que quedándonos en casa las cosas mejoran. En el Parlamento es donde se elaboran las leyes. Los que nos dicen que no vayamos a votar lo que pretenden es que sigan gobernando los de siempre, sin oposición. Recordemos, también, que podemos tener mucho cariño a pequeños partidos, íntegros y luchadores. Son aliados, pero ahora nos dividen beneficiando a la derecha. Escuchemos sus reivindicaciones, pero pidámosles que apoyen a UP (y que reivindiquen el reconocimiente de ese apoyo).

 

Contrariamente a lo que se cree, no es el sistema D'Hont el que discrimina a las formaciones más pequeñas, obligándolas a necesitar más votos por elegido que los que necesitan los grandes partidos. Quien causa la discriminación es la circunscripción electoral (el número de representantes asignado a cada provincia no garantiza la igualdad del voto).

 

Ya en 2008, un estudio de la Universidad de Granada proponía un método para evitar la discriminación que actualmente se produce. Evidentemente, los grandes partidos no están dispuestos a un sistema electoral más justo. Quieren mantener sus privilegios aunque sea a costa de ningunear a millones de votantes.

 

Para comprender esta situación, recordemos cuando hace años IU con 930.000 votos obtuvo dos diputados). Con esa misma exigencia, veamos los escaños que hubieran obtenido los principales partidos: PP 16 (obtuvo 123); PSOE 11 (obtuvo 90); Podemos 11 (obtuvo 69); Ciudadanos 8 (obtuvo 40)

 

Y es que, para un Parlamento que representa a todo el territorio nacional, la circunscripción ha de ser única. El total de votos se divide entre los 350 escaños a cubrir y de ahí saldrá cuántos representantes corresponden a cada fuerza votada.

 

Solo así será real lo de "una persona, un voto".

 

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