Ni soy historiador, ni filósofo, ni sociólogo pero he vivido treinta y siete años en Filipinas, donde resido. En este
tiempo he tenido oportunidad de leer mucho y discutir bastante sobre el tema y de viajar extensamente por lo largo y lo
ancho del país observando sus gentes y costumbres. Todo esto me da la confianza suficiente para pensar que puedo aportar
con validez alguna luz sobre el tema, quizás, precisamente por no ser experto, enfocándolo de otra manera distinta de lo
acostumbrado.
Es evidente que Filipinas es un país hispano. Sin embargo, mientas se podría decir que los países hispanoamericanos
pertenecen a una misma especie cultural, Filipinas es un caso único, como si perteneciera a otra especie de hispanismo
diferente. Mi análisis sobre el fenómeno hispano en Filipinas se puede resumir en los puntos que siguen a continuación.
1. Filipinas es una mezcla de culturas, principalmente dos: un substrato malayo con una forma española muy
enraizada y que lo conforma. Hay también elementos chinos, y en lo político, económico y tecnológico una evidente
presencia, y muy fuerte, americana. En mi observación del pueblo en Filipinas, el operativo cultural más significante
es el español, lo malayo es más bien un substrato instintivo y algo amorfo. Lo chino es más bien un agregado de gheto,
a veces folklórico, que tiene poco peso fuera del poderío económico concentrado en grandes familias chinas. Y lo
americano más cuestión de moda y prurito que otra cosa.
Para probar la tesis de que el operativo cultural más significativo del pueblo filipino es el español, se podía hablar
muy por extenso sobre elementos de la cultura hispánica en Filipinas como la religión, el sistema de valores y formas
sociales, las obras públicas, la organización política y civil, la familia, el sistema educativo, las maneras de emplear
el tiempo de ocio, y un etc. muy largo sobre el que los eruditos han escrito mucho. Pero se haría esto muy largo y lo
supongo sabido.
2. El elemento que hace de lo hispano en Filipinas más diferente de lo hispano en los otros países es el hecho de
que en Filipinas no se habla español. Porque la lengua está en el corazón de la cultura de un pueblo, este hecho se ha
debatido a menudo con pasión, muy a menudo buscando responsabilidades entre el gobierno y la iglesia. Una pasión que levanta argumentos de este tipo no ayuda mucho a juzgar con objetividad.
Está muy de moda en Europa pensar -y decir- que los Estados Unidos (USA) son la raíz de todos los males. Esa corriente hace
creer también que USA con su política perversa acabó premeditadamente con el español en Filipinas. Tengo que afirmar que no
hay manera de "acabar" con una lengua por un agente extraño a ella. Y en apoyo de esta afirmación presento tres datos:
- En los 36 años de represión lingüística del régimen de Franco ni el catalán ni el vasco disminuyeron en un ápice.
- La política americana en Puerto Rico ha sido y es extremadamente perjudicial para el español; pero aunque la situación
lingüística allí no sea la más aceptable para los hispanos, no se puede decir ni de bromas que USA haya acabado con el
español en la isla.
- En California y otros estados de Oeste americano hay legislación específica y abiertamente contra el español y los que
lo hablan, y sin embargo el español en USA sigue creciendo en vez de disminuir.
Y es que simplemente no es posible acabar con una lengua sin acabar con el pueblo que la habla. Si los americanos no
acabaron con el español en Filipinas es simplemente porque apenas se hablaba, no era la lengua del pueblo.
3. Aunque el lenguaje de la administración civil y todo lo de la eclesiástica que no se tramitara en latín era
español, en Filipinas nunca se hablo español por más de los pocos cientos de españoles que vivieron aquí en cada época
(la mitad soldados), por las pocas familias de mestizos que consiguieron tener cierta influencia, y por los muy pocos
nativos que los españoles educaron para ayudar en la administración local (policía, secretarios, etc.). Se puede decir
que en Filipinas nunca habló español el pueblo. ¿Por qué causas?
(1) Filipinas, como certeramente avisó Urdaneta a Felipe II, era una tierra de pocos recursos, casi nada en comparación
con Méjico o Perú. Urdaneta aconsejó al rey emplear los recursos de la corona más al sur, en las Molucas y en el norte de
Nueva Guinea que es donde había especias. El aviso cayó en oídos sordos y Felipe II prefirió emplearse en Filipinas. El
país era también pequeño y con el agravante de que está compuesto por miles de islas (hoy día más de 7000). Para colmo de
males estaba literalmente al fin del mundo, no muy lejos de los antípodas: un viaje de la península a Filipinas podía durar
entre seis y doce meses y en el curso del mismo había que atravesar dos océanos y un continente. En estas condiciones, muy
pocos españoles eligieron probar fortuna en estas tierras y venían para poco tiempo, si no triunfaban para acabar las
penalidades y si triunfaban para empezar a gozar la vida en otro sitio. Esto incluye también a los empleados y oficiales
del gobierno.
(2) Solo los frailes y los pocos hacenderos que hubo tenían razones para prolongar aquí su estancia, y estos tampoco
fueron muchos. Con espíritu pragmático aunque por diversos motivos, tanto frailes como hacenderos se dieron cuenta que era
más fácil que un europeo aprendiera la lengua local que hacer aprender español a quinientas o mil almas sin ninguna
educación formal. El resultado fue que los que tuvieron ocasión nunca hicieron esfuerzos para enseñar español al pueblo.
(3) Por encima de todo ello, entre el principio de la colonización americana por los españoles y el de la colonización
en Filipinas sucedieron hechos que cambiaron casi radicalmente la política y las pautas por las que desde el principio se
gestionó la colonización en Filipinas.
En pocas palabras, los tremendos abusos que se cometieron en América delatados por Bartolomé de las Casas, provocaron lo
que hoy llamaríamos un debate nacional sobre el derecho de los españoles a viajar a Indias y hacer guerra a los indios.
Francisco de Vitoria desde su cátedra de Salamanca, con el Emperador mismo como oyente, sentó las bases para las "Leyes de
Indias" que intentaron imprimir a la conquista y colonización españolas un tono mucho más respetuoso con lo que hoy
llamaríamos "derechos humanos". Se puede decir que, al contrario de lo sucedido en América, los españoles llegaron a
Filipinas con las Leyes de Indias bajo el brazo y aunque ello no impidió abusos de toda índole, sí contribuyó a crear un
ambiente en el que la enseñanza forzada del español fue imposible.
(4) Tampoco se hablaría hoy español en Filipinas si los americanos no hubieran llenado el vacío que dejó España en
1898. En mi modo de ver, de no haber intervenido América, el español hubiera evolucionado de semejante manera a como lo
ha hecho el inglés. Me explico. Los americanos hicieron un esfuerzo ingente para extender el inglés en Filipinas, empezando
por los 2000 "Tomasinos" o maestros que enviaron en dos barcos para empezar la enseñanza del la lengua en las islas. Al fin
de la segunda guerra mundial, que marca el fin la presencia de las autoridades americanas en las Filipinas, era el inglés
una lengua franca en funcionalidad: se enseñaba solo en inglés y el inglés se entendía y hablaba por una considerable
mayoría. De entonces acá la situación ha deteriorado y el inglés como lengua funcional se ha ido convirtiendo en una lengua
que pueden usar sintiéndose a gusto solo minorías económicas, culturales y comerciales, es decir parte de la clase media y
la casi totalidad de la clase alta.
Se puede decir hoy que el inglés es una segunda lengua que se usa y domina más que en España, por ejemplo, pero no la
lengua en la que todo el mundo se "suelta" a hablar en casa o cuando está a gusto. Los niños tienen como lengua materna
la lengua de su región (hay unas setenta lenguas en Filipinas) y aprenden inglés más tarde, y cada vez peor, en la escuela.
Y la gente de cualquier condición económica o social habla normalmente en su lengua materna, muy entreverada de inglés en
grado proporcional al de la educación escolar que hayan tenido. Que el inglés se "entrevere" en las lenguas locales es en
gran parte una necesidad pues no hay suficiente vocabulario para expresarse en temas relacionados con el desarrollo
industrial, comercial, y tecnológico-científico de los últimos cien años ni tampoco recursos (escritores, editoriales,
distribuidoras de libros, etc.) para hacer frente a la avalancha de letra impresa de toda clase procedente de América.
Sin la ocupación y actuación cultural americana, el español se hablaría hoy en Filipinas mucho más de lo que se hace pero
sin llegar a ser la lengua del país como en Puerto Rico o Argentina. Teniendo en cuenta la exigua base (10%) de
hispanohablantes en 1898, creo que se puede concluir que el español sería, como lo es el inglés hoy, la lengua de la
educación media y superior, de los medios de comunicación, de la tecnología y del comercio, y conocida por la gente más
educada y cosmopolita, pero no la lengua materna del pueblo ni la lengua del país.
Hay que darse cuenta también que el porcentaje de población indígena en América (el que habla maya, quechua, etc.) ha
disminuido a niveles prácticamente irrelevantes en términos demográficos, y que está totalmente marginado social y
económicamente, por lo que la tendencia es a desaparecer como cultura plataforma de lengua. Añádanse a ello los fenómenos
del mestizaje y la inmigración en gran escala que han tendido y tienden a elevar el nivel cultural y lingüístico hacia el
español. Todo esto ha hecho del español la lengua dominante hasta tal punto que sea la lengua oficial (porque es la de
hecho) de estas naciones. En Filipinas la emigración de europeos ha sido insignificante, no hay más que mirar a la cara y
color de la gente para darse cuenta de esto, y por lo tanto no ha habido un proceso de mestizaje a escala semejante al
americano. No habiendo existido en el país un gran numero de españoles tampoco existió la misma oportunidad o ambiente
para extender nuestra lengua como en Hispanoamérica.
En conclusión, en Filipinas se ha producido un hecho diferencial único, distinto del americano, responsable de que una
cultura profundamente hispana no hable, ni nunca hablara, español. A la hora de valorar este hecho es posible que no se
pueda echar ni para bien ni para mal: es el resultado de situaciones históricas sobre las que probablemente nadie pudo
tener ni la visión ni los recursos necesarios para ejercer control. Hoy se valora mucho la "diversidad", pues bien, el
hecho diferencial filipino muestra también la rica diversidad del mundo hispano. ¿Que hay que promocionar y hacer crecer
la lengua en Filipinas? Un contundente sí. Pero con una mirada serena y objetiva al pasado como base, con objetivos y
proyectos realistas, y sin triunfalismos imperiales ni de otra clase. En Filipinas, es cierto, no se habla español, pero
es la primera democracia de Asia y fuera de los antiguos imperios chino y japonés la primera nación en Asia en ganar su
independencia. Esto nunca hubiera sido posible desde la cultura y fragmentación tribal, prácticamente sin instituciones,
que España encontró en Filipinas en el siglo XVI.
Categóricamente, la nación filipina es criatura de la cultura de España, y no de ninguna otra, no menos que lo
son Chile, Méjico o Argentina. Y creo que hay que fijarse más en esto que en el hecho de que en Filipinas no se hable
español.
Jose Ramon Perdigón
Pasig City, Filipinas
perdigon@globelines.com.ph
Agosto del 2000